Imagen de Angela

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

 

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

 

C. P. Cavafis. Antología poética.
 

 

 

  • Imagen de Raquel


    Me fascina esta poesía, es de mis favoritas no sólo por su composición, sino por el mensaje que etraña. Esta misma mañana, casualmente, he conocido en el hospital a un señor de 93 años apasionado de la poesía, también escribe, que me ha recitado tres poemas de memoria ¡un prodigio de hombre!

    Os copio una de mis favoritas, es de Garcilaso de la Vega sobre el mito de Apolo y Dafne:

    A Dafne ya los brazos le crecían,
    y en luengos ramos vueltos se mostraba;
    en verdes hojas vi que se tornaban
    los cabellos que el oro escurecían.

    De áspera corteza se cubrían
    los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
    los blancos pies en tierra se hincaban,
    y en torcidas raíces se volvían.

    Aquel que fue la causa de tal daño,
    a fuerza de llorar, crecer hacía
    este árbol que con lágrimas regaba.

    ¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
    ¡Que con llorarla crezca cada día
    la causa y la razón porque lloraba!

     
    ¿No os parece más que un poema una película? Me fascina... ;)

    Nov 26, 2013

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